EL ESPACIO COMO ESENCIA DE LA ARQUITECTURA

Dentro de la teoría arquitectónica el espacio viene a ser definido como esencia de la arquitectura en el cambio del siglo XIX al XX cuando el Panteón representaba el paradigma de un interior delimitado y perfecto.  La evolución de la arquitectura romana tendió hacia la disminución del peso y el tamaño de los elementos constructivos: el ladrillo y los cementos ligeros. Para alcanzar la solución perfecta del Panteón se debió pasar por soluciones transitorias como el tesoro de Atreo en Micenas. (1250-1220 a.C), las tumbas etruscas de Tarquinia y Cerveteri (S. 9 a.C.)  y en el terreno de la arquitectura religiosa romana, la tumba de Cecilia Metela (30 aC.) en la Via Appia y el mausoleo de Augusto en el centro de Roma (28 aC.).

En contraposición y casi al tiempo que se teoriza sobre el espacio clásico, las vanguardias desarrollan un espacio libre, fluido, ligero, continuo, abierto, infinito, transparente y abstracto en contraposición al volumétrico, delimitado, específico y estático. La nueva modalidad de espacio fue llamada “espacio-tiempo” en relación con la teoría de la relatividad pues introduce la variable temporal con el movimiento. La búsqueda de un espacio moderno, infinito y dinámico tiene sus precedentes en las plantas cuadriculadas y repetidas de Durand donde columnas y muros anuncian el carácter infinito del nuevo espacio. También en el Palacio de cristal de Paxton con su gran espacio libre bañado de luz rompiendo la barrera entre interior y exterior. Tales búsquedas culminan con un espacio conformado por un plano horizontal libre con fachada transparente. El vacío interior ahora se ordena en torno a elementos puntuales y verticales (columnas) dinamizado por planos recortados (tabiques) que no cierran ortogonalmente los recintos y que en ocasiones no llegan hasta el techo.

El espacio moderno tiene como protagonista formal-estructural  la columna, ya sea de hormigón como en Le Corbusier o ya sea en acero como en Mies Van Der Rohe quien a través del pilar en cruz consigue la máxima ligereza y desmaterialización asegurando dos ejes de simetría hasta en los mínimos detalles.

Bibliografía: Introducción a la arquitectura: conceptos fundamentales, Ediciones UPC, 2001

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